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Asma: la epidemia que nadie comprende
Montse
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Los innumerables estudios sobre los muchos agentes sospechosos no logran aclarar las causas


DENISE GRADY 02/01/2007
Cuando nuestro primer hijo contrajo asma a los tres años, mi marido y yo nos sentimos bastante abrumados. La conmoción fue un poco menor cuando le ocurrió lo mismo a nuestro segundo hijo a la misma edad. La enfermedad resultó ser tenaz, y durante años ambos necesitaron inhaladores o un nebulizador varias veces al día para prevenir los ataques de asma.


Cuando nuestro primer hijo contrajo asma a los tres años, mi marido y yo nos sentimos bastante abrumados. La conmoción fue un poco menor cuando le ocurrió lo mismo a nuestro segundo hijo a la misma edad. La enfermedad resultó ser tenaz, y durante años ambos necesitaron inhaladores o un nebulizador varias veces al día para prevenir los ataques de asma que les podían mantener despiertos la mitad de la noche, tosiendo y resollando. Ambos tenían eccema, y el tipo de alergias a la comida -a los frutos secos y el marisco- que pueden provocar reacciones mortales.

¿Cuál era el origen de todo esto? Mi marido y yo estábamos desconcertados, porque ninguno de los dos padecíamos asma o alergias peligrosas, y nuestros padres o hermanos tampoco. Yo tengo alergia al polen y a los gatos y perros, pero siempre había considerado que mis síntomas eran una mera molestia, no un mal augurio para la siguiente generación. Mi marido no es alérgico a nada. Pero, al parecer, nos hemos visto atrapados en una creciente oleada de asma que nadie acaba de entender. Nuestros hijos nacieron en 1984 y 1987, y conocimos a muchísimos niños de su edad que padecían las mismas enfermedades.

Las estadísticas indican que algo extraño estaba ocurriendo en esos años. De 1980 a 2003, la incidencia del asma en niños pasó de un 3,6% a un 5,8%, casi un 60% de incremento, según los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) de EE UU. Otros cálculos de los CDC muestran un aumento del 160% en los menores de cinco años entre 1980 y 1994. Últimamente los índices parecen haberse estabilizado en los países occidentales. Los niños de las ciudades del interior parecen ser los más afectados, y se sospecha que los culpables son la exposición a las cucarachas y los efluvios del gasóleo. Pero no se conoce con certeza la causa.

En todo el mundo la enfermedad también ha aumentado. De 1985 a 2001, la prevalencia aumentó en un 100%. Unos 300 millones de personas sufren asma, 255.000 mueren a consecuencia de ella, y los fallecimientos podrían incrementarse en un 20% durante los próximos 10 años, según la Organización Mundial de la Salud. El problema es especialmente acusado en los países en vías de desarrollo, que son los que tienen menos capacidad para ofrecer el tratamiento intensivo a largo plazo que requiere la enfermedad.

Puede que los incrementos no sean reales y se deban a que han mejorado los diagnósticos. Pero parece improbable que un creciente número de informes explique todos los casos nuevos. Las teorías vienen y van, y al final la conclusión es que nadie sabe realmente por qué unas personas contraen asma y otras no.

En The Asthma Epidemic, un artículo publicado recientemente en The New England Journal of Medicine, los médicos intentaban aclarar diversas teorías sobre las causas de esta afección y explicar por qué han aumentado sus índices. Pero no hay respuestas claras.

Al igual que otras enfermedades crónicas, el asma probablemente sea ocasionada por múltiples genes y exposiciones medioambientales, y sus causas pueden ser bastante distintas en función de la persona. Se cree que alrededor de la mitad de los casos provienen de alergias, y el resto de otros problemas que pueden irritar e inflamar las vías respiratorias, haciendo que éstas se cierren.

Sin embargo, los cambios genéticos en la población no pueden explicar el aumento de los índices, porque, según los autores, dichos cambios se producen con demasiada lentitud como para justificar los rápidos incrementos del asma, por eso consideran que los factores medioambientales son candidatos más probables. Pero ¿qué ha cambiado con tanta intensidad en el medio ambiente que pueda explicar el rápido aumento de las tasas de asma?

Los autores del artículo, del Hospital Infantil Universitario de Múnich, han evaluado los hallazgos de numerosos estudios. Según dicen, el humo del tabaco es uno de los factores de riesgo más claros. La exposición al humo aumenta el riesgo de asma en bebés y niños pequeños. Sin embargo, ¿en qué medida puede explicar el incremento del asma si, en general, los padres de ahora fuman menos que los de generaciones anteriores?

También se ha culpado a la polución ambiental, pero su papel no está del todo claro. Es cierto que la contaminación agrava el asma en personas que ya padecen la enfermedad, pero no se sabe si la desencadena. Puede que vivir en un lugar con unos niveles elevados de gases de los tubos de escape empeore el asma, pero las pruebas son "relativamente poco sólidas", afirman los investigadores.

Durante mucho tiempo se ha culpado a los ácaros del polvo, los insectos microscópicos que habitan en las camas, de provocar asma en bebés y niños pequeños, lo cual ha generado un próspero sector de cubrecamas, filtros de aire y unos padres atormentados por el sentimiento de culpa, siempre con mopas y aspiradoras en la mano. Pero estudios recientes han cuestionado también ese vínculo, aunque está claro que una vez que los niños padecen asma, los ácaros y sus excrementos pueden empeorar los síntomas.

La caspa felina se ha convertido en todo un rompecabezas. Algunos estudios han descubierto que una exposición en los primeros estadios de la vida provoca asma, mientras otros afirman que protege de la afección. En este momento, nadie sabe qué estudio creer, pero la mayoría de los expertos coincide en que cuando la gente ya padece asma, el tener contacto con gatos también puede agravarla.

Según algunas teorías, yo debería haber sufrido la peor asma del mundo. Obviamente, tenía tendencias alérgicas, y los expertos se habrían estremecido al conocer mi entorno. Me crié en Nueva York, en un pequeño apartamento con unos padres que eran fumadores empedernidos, con una parada de autobús frente a la puerta y situado en una concurrida calle en la que los camiones pasaban retumbando. Los edificios que nos rodeaban quemaban carbón. Tuvimos perro, gato, periquitos y, durante una breve temporada, hasta un pato. Mi madre era un ama de casa aceptable, pero no habría ganado ningún premio. Y sin embargo, nunca resollé. Inexplicable.

El asma de mis hijos fue disminuyendo paulatinamente. Ambos se convirtieron en corredores en pista y campo a través en el instituto, y ahora que han entrado en la universidad la enfermedad rara vez supone un problema. Pero fue una preocupación que nos tuvo en vilo mucho tiempo.

En cuanto a las alergias a los alimentos, optamos por asumir que eran de por vida. La única manera de despejar cualquier duda se denomina "desafío", y consiste en consumir el alimento de riesgo con los médicos a tu lado para que puedan revivirte en caso de que resulte que, por desgracia, después de todo sigues siendo alérgico. No sé por qué, pero dudo que nos apuntemos a eso.

Mis hijos tienen equipos de adrenalina para tratar una reacción grave. Ninguno lo ha necesitado nunca, y sé que no lo llevan encima, como deberían hacer cuando van a un restaurante.

No hace falta decir que me gustaría que nada de esto hubiese ocurrido. Pero, teniendo en cuenta lo que se sabe ahora, ¿podría haber hecho algo para prevenirlo? ¿Fue malo que tuviéramos gatos cuando nacieron nuestros hijos y que después los regaláramos? El asma nos transformó a mí y a mi marido, y pasamos de ser unos amos de casa bastante despreocupados a convertirnos en fanáticos de la mopa. No estoy segura de que sirviera de algo.

Supongamos que hubiese reconocido que mis alergias conllevaban un riesgo para mis hijos. ¿Habría ayudado el que yo hubiese evitado comer frutos secos y mariscos mientras estuve embarazada o amamantándolos? No creo que la respuesta esté clara. Asimismo, no estoy convencida de que las cosas hubieran sido diferentes si yo hubiera sido más cautelosa y metódica al introducir nuevos alimentos en sus primeros años de vida, aunque los grupos de la alergia lo recomiendan. Lo único que parecía hacerles bien eran los medicamentos contra el asma, y en grandes cantidades.

Dado que los niños con al menos un progenitor que sufra alergias y asma corren un mayor riesgo de desarrollar los mismos problemas, sería bueno que alguien ideara un sistema para reducir ese riesgo a tiempo para ayudar a mis hijos y a otros millones de jóvenes asmáticos cuando decidan ser padres. Así lo espero, pero puede que sea un problema con muchas soluciones; o ninguna.


Sospechosos habituales
Algunos estudios han relacionado la obesidad con el asma, pero el vínculo, en caso de existir, no se comprende. Los investigadores dicen que no es sencillamente una cuestión de que los niños asmáticos engorden porque no pueden hacer ejercicio. El aumento de peso puede llegar primero.

La nutrición es otro misterio. Estudios con frutas, verduras, cereales, ácidos grasos, vitaminas, minerales y antioxidantes han sido poco concluyentes, y se sabe poco sobre los efectos de lo que comen las embarazadas.

Una teoría a la que se ha prestado atención es la "hipótesis de la higiene", la idea de que los niños de hoy día se crían en casas que están demasiado limpias, y que el asma en cierto modo es provocada por la falta de exposición a infecciones y microbios en los primeros años de vida. De acuerdo con esta teoría, se supone que los gérmenes ayudan al sistema inmunológico a desarrollarse con normalidad, y sin ellos reacciona en exceso a otras sustancias ambientales y provoca alergias y asma.

Existen pruebas que secundan la idea. Algunos estudios han descubierto que los niños criados en granjas son menos proclives al asma, tal vez porque están expuestos a numerosos microbios. Pero la conexión todavía no se comprende del todo, y no hay duda de que hay infecciones víricas que agudizan el asma.

Una idea relacionada es que el incremento en el uso de antibióticos durante las últimas décadas contribuye al asma alterando el tipo de bacterias que viven en los intestinos. Pero eso no se ha demostrado. Algunos investigadores proponen que el acetaminofeno, utilizado para tratar el dolor y la fiebre, podría guardar relación con el asma. Pero esa teoría tampoco se ha demostrado.

Fuente: Elpais.es
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