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El cerebro
Montse
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Como escultores de una estatua compleja que vamos tallando mientras vivimos.
David Costa es psicobiólogo del Instituto de Neurociencias de la Universidad Autónoma de Barcelona

Así nos presentó Costa en una conferencia de divulgación organizada por la Dirección de Promoción de Cultura Científica de Barcelona y que tomó por título Los misterios de la mente. Este psicobiólogo colabora activamente en trabajos multicéntricos de investigación acerca de la naturaleza del comportamiento y del aprendizaje. En sus últimos estudios indaga sobre los beneficios de la actividad física en la estimulación del área prefrontal del cerebro.

JORDI MONTANER | 23 de abril de 2007
Usted compara la aventura del conocimiento y la memoria a la de abrir nuevas rutas y trazar mapas mentales de nuestro recorrido.

Todavía sabemos poco acerca de los mecanismos endógenos que modulan el almacenamiento de la información en el cerebro humano. Creemos, sin embargo, que algunos sistemas hormonales que se activan en respuesta a una determinada experiencia podrían estar implicados en la consolidación de la memoria de esa misma experiencia.

¿En qué se fundamenta esta creencia?
Nuestro grupo ha investigado la relación entre la adrenalina y la consolidación de la memoria. La hipótesis de trabajo no es otra que asumir que la liberación de esta hormona tras la experiencia recordada podría formar parte de un sistema endógeno de modulación de la memoria. Este sistema, además de modificar la fuerza del recuerdo, podría ser también un mecanismo a través del cual diversos tratamientos podrían actuar para modular la función cognitiva.

La actividad cerebral tiene un peso importantísimo en la biología del comportamiento?
Un kilo y medio.

¿Cómo?
El cerebro humano está compuesto de unos cien mil millones de células, lo que supone un peso aproximado de mil quinientos gramos. Suele constituir el 2% del peso corporal y no pesa siempre lo mismo; al llegar a la vejez perdemos unos cien gramos.

Y no sólo cambia el peso, sino la masa.
Así es. Sabemos que el cerebro se modifica constantemente por la propia actividad existencial. Es cierto que el continente de este órgano viene programado genéticamente, pero el contenido se hace al andar. A lo largo de la vida nos convertimos en creadores de nuestro propio cerebro. El fenómeno de la plasticidad demuestra que la experiencia deja una huella en la red neuronal, capaz de modificar la transferencia de información a través de todo el sistema. Lo adquirido por medio de la experiencia deja una huella que transforma lo anterior. De este modo, la experiencia modifica constantemente las conexiones entre las neuronas y los cambios son tanto de orden estructural como funcional.

Durante mucho tiempo se pensó que era imposible recuperar la función de las áreas del cerebro que se ven afectadas por un ataque cerebral y que, una vez muertas, las neuronas no se regeneran.
Pero hoy sabemos que el cerebro es plástico y posee capacidad para remodelar las conexiones entre sus neuronas. Las neuronas son capaces de curarse, lo que no significa que la memoria perdida pueda ser restituida. Nuevas neuronas ocuparan el espacio de las neuronas perdidas y posibilitaran nuevas rutas de memoria o de almacenamiento de experiencia cognitiva; pero lo perdido queda perdido para siempre.

¿Un niño de año y medio genera mayor actividad cerebral que un premio Nobel de Física?
En los primeros dieciocho meses de vida es cuando el ser humano aprende más y más deprisa. Imágenes espectográficas han demostrado que el cerebro de un niño está más densamente conectado que el de un adulto y, además, consume mucha más energía. Un niño o una niña trazando garabatos sobre un papel funcionan con un 50% más de energía que el premio Nobel en plena conferencia.

¿Cuándo alcanza el cerebro la madurez?

El cerebro humano no queda completamente interconectado hasta los veinte años de edad, y entonces la actividad cerebral alcanza el nivel propio de un adulto. Aunque a los siete años el cerebro de un niño sea casi idéntico en tamaño y peso al de un adulto, en sus lóbulos frontales hay un 40% más de sinapsis neuronales. Se conoce que el nivel máximo de conexiones suele producirse entre los cuatro y los siete años de edad. Cerca de la octava semana de gestación comienza, de hecho, el desarrollo del cerebro y durante las cinco semanas siguientes se forman casi todas las células nerviosas. Un nuevo salto en el desarrollo comienza unas diez semanas antes del parto y continúa durante los dos primeros años de vida del bebé.

Y a la vejez, viruelas?
No necesariamente. Debemos desterrar la imagen de ancianidad con problemas cognitivos. Hace pocos años un investigador chino mostró en sus experimentos con ratones un hallazgo interesante en relación con la edad: los ratones jóvenes aprenden más rápido y en menos tiempo que los ratones viejos (que aprenden menos rápido y en más tiempo). Tras ese hallazgo, probó si ocurría lo mismo en humanos y los resultados se repitieron con la singularidad de que la calidad de la información almacenada disminuyó de forma significativa en los menores de treinta años y, en cambio, se mantuvo de forma significativa en las personas mayores de cuarenta, por más que estos últimos necesitaran más tiempo de asimilación.

Además de la edad, ¿qué circunstancias influyen en el mantenimiento de una buena actividad cerebral?
Estamos investigando la aportación del ejercicio físico. Sabemos que un determinado tipo o nivel de ejercicio físico ayuda a potenciar y conservar la agilidad mental. Pero no ocurre en todas las modalidades o niveles, por lo que seguimos investigando. Se sabe, asimismo, que los seres humanos rendimos mejor tanto física como mentalmente a una temperatura de veinte grados centígrados y a una humedad del 40%. Pero el cerebro no sólo se ve afectado por la temperatura ambiental, sino también por nuestra temperatura interna. La temperatura de nuestro cuerpo es en general más alta por la tarde y más baja por la mañana, y se ha visto que el cerebro funcionará mejor a determinadas horas del día según el cuerpo esté más caliente o más fresco.



MENTE PLÁSTICA
El concepto plástico, la plasticidad, se emplea en psicobiología para ilustrar la capacidad del cerebro para crear rutas nuevas o alternativas de comunicación entre los centros de control de procesos específicos y sus procesos asociados. Influye mucho, como subraya Costa, la edad: la plasticidad es mayor en niños que en adultos. No obstante, también desempeñan un papel de importancia las lesiones neuronales, la intensidad emocional y los estímulos o aprendizajes a los que el individuo queda sometido.

El científico español Santiago Ramón y Cajal, cuando describió por primera vez los diferentes tipos de neuronas en forma aislada, planteó también la posibilidad de que el sistema nervioso estuviera constituido por neuronas individuales comunicadas entre sí a través de contactos funcionales llamados sinapsis. Con el tiempo, la imbricación de las sinapsis en el descubrimiento de la plasticidad cerebral permite afirmar que, a través de una suma de experiencias vividas y aprendidas, cada individuo adquiere un carácter único e imprevisible, más allá de las determinaciones que implica todo bagaje genético.

De este modo, la definición de la individualidad como excepción a lo universal conquista hoy el ámbito de las neurociencias como conquistó en tiempos pretéritos el del psicoanálisis; de ahí que surja un punto de encuentro insospechado entre estas dos ramas del conocimiento científico tan históricamente enfrentadas.


Fuente: Consumer.es


Ultima edición por Montse el Lun Jul 28, 2008 4:13 pm; editado 1 vez
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El nacimiento de una nueva ciencia de la mente
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Eric Kandel: el cerebro, la conciencia y la memoria

Para el Premio Nobel, todo es un proceso biológico que fue evolucionando. Mecanismos celulares del aprendizaje. Los vínculos con el psicoanálisis y la psicoterapia. ¿Hombres y mujeres piensan diferente?


12.08.2007

El Premio Nobel de Medicina, Eric Kandel, destaca los avances de la biología de la mente.

La capacidad de memoria del hombre es uno de los aspectos más notables de su comportamiento y su análisis científico, un objetivo que era inconcebible por los investigadores. Hace escasas décadas, ni siquiera podían imaginar la mera idea de explicar recuerdos mediante estudios biológicos e interacciones moleculares, como finalmente lo hizo el Premio Nobel de Medicina Eric Kandel después de cincuenta años de trabajo.

A partir del estudio de un simple caracol, Kandel logró descubrir el enigma de los, hasta entonces, indescifrables procesos fisiológicos de la memoria de corto y largo plazo. “La biología de la mente será tan importante en este siglo como lo fue la biología del gen en el siglo XX”, sostiene el investigador.

“La nueva biología mental sugiere que no sólo el cuerpo, sino la mente y las moléculas específicas que intervienen en los procesos mentales superiores – la conciencia de sí y de los otros, del pasado y del futuro – evolucionaron a su vez desde la época de nuestros antepasados. Además, esta nueva biología postula que la conciencia es un proceso biológico que, a su debido tiempo, podrá explicarse en términos de vías de señalización moleculares utilizadas por poblaciones de células nerviosas que interactúan entre sí”, afirma en su autobiografía “En busca de la memoria” (Katz).

En efecto, uno de los grandes avances fue descubrir que “los mecanismos celulares del aprendizaje y de la memoria no descansan en propiedades especiales de la neurona, sino en las conexiones que ella establece con otras células de su propio circuito neuronal”.

Después de reconocer que resulta “novedosa y alarmante” la idea de que “la mente y el espíritu del hombre provienen de un órgano físico, el cerebro”, Kandel pone énfasis en destacar que el aprendizaje y la memoria son procesos cruciales para el psicoanálisis y la psicoterapia. “Son primordiales para la identidad misma: somos quienes somos por obra de ellos”, asegura.

Tipos de memoria. Kandel recuerda que existe una memoria implícita, que comprende los hábitos, la sensibilización y el condicionamiento clásico, además de destrezas perceptivas y motoras como andar en bicicleta. Y, además, está la memoria explícita, que incluye los recuerdos conscientes sobre personas, lugares, objetos y hechos. Por supuesto, una repetición permanente puede convertir en memoria implícita a la explícita.

Los biólogos siempre consideraron que los seres humanos tenían capacidades mentales que no podían hallarse en animales más simples, por lo que creían que la organización funcional del cerebro humano debía ser muy distinta. “Aunque esa opinión contiene algo de verdad – señala Kandel- se pasaba por alto el hecho de que ciertas formas elementales de aprendizaje son comunes a todos los animales. Me parecía probable que en el curso de la evolución los seres humanos hubieran conservado algunos de los mecanismos celulares de aprendizaje y almacenamiento de recuerdos que ya estaban presentes en animales más simples”

A partir de esta premisa, comenzó a estudiar a la Aplysia, un caracol o babosa marina gigante con un cerebro que posee unas 20.000 células, un número pequeño en comparación con los 100.000 millones del cerebro de los mamíferos. “Llegado 1985, después de quince años de trabajo, habíamos demostrado que era posible modificar un comportamiento simple de Aplysia mediante diversas formas de aprendizaje”, recuerda.

Estudios posteriores en invertebrados y vertebrados, permitieron demostrar que la memoria de largo plazo exigía la síntesis de nueva proteína, “lo que indicaba que probablemente los mecanismos de la memoria fueran similares en todos los animales”, destaca en un virtual tributo a Darwin.

Cuestión de géneros. Otro de los hallazgos de los últimos años fue que los hombres y las mujeres no razonan igual, no apelan a las mismas estrategias de para, por ejemplo, encontrar el camino hacia un lugar determinado.

Las mujeres recurren a indicios próximos. Cuando se le pide una indicación, es probable que una mujer diga “doble a la derecha en la farmacia y después siga sin doblar hasta que vea a la izquierda una casa de estilo colonial”. Los hombres, en cambio, recurren en mayor medida a un mapa geométrico interno. Es probable que digan “siga cinco kilómetros hacia el norte, después doble a la derecha y siga hacia el este otro medio kilómetro”.

“En las imágenes funcionales del cerebro – explica Kandel- se observa que en los hombres y las mujeres se ponen en actividad distintas regiones cuando piensan en el espacio: la zona izquierda del hipocampo en el caso de los varones y la zona parietal derecha y la corteza prefrontal derecha en el caso de las mujeres”. Un descubrimiento que se logró a partir de esta biología de la mente.

A partir de los avances logrados con los vínculos entre mente y cerebro, la psiquiatría se convirtió en “un estímulo para el pensamiento biológico y también en su beneficiaria directa”. “He podido advertir en la comunidad psicoanalítica – concluye el Premio Nobel - un interés significativo por la biología de la mente. Sabemos ahora que todo estado mental es un estado del cerebro y que toda perturbación mental es una perturbación del funcionamiento cerebral. Los tratamientos están destinados a modificar la estructura y el funcionamiento del cerebro”

Kandel fue distinguido con el Premio Nobel de Medicina en el año 2000, junto a Arvid Carlsson y Paul Greengard. Es profesor y director del Centro de Neurobiología de la Universidad de Columbia. Entre otros reconocimientos, recibió la Medalla Nacional de Ciencias de los Estados Unidos, el Premio Wolf, la Medalla Internacional Gairdner y el Premio Lasker. Desde 1974 es miembro de la Academia Nacional de ciencias de los Estados Unidos.


Fuente: perfil.com

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Nuevo mecanismo de almacenar información en el cerebro
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Nuevo mecanismo de almacenar información en el cerebro
27 AGO 07 | Science


Muestran en "Science" que los astrocitos –y no sólo las neuronas- están involucrados en la transmisión y almacenamiento de información en el sistema nervioso.

Investigadores del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) han descubierto un nuevo modelo de almacenamiento celular de información en el cerebro. Los resultados, publicados hoy en la revista “Science”, demuestran que los astrocitos, un tipo de células de glía al que durante más de un siglo se le ha asignado sólo una función pasiva de soporte neuronal, están directamente involucrados en la transmisión y almacenamiento de información en el sistema nervioso.

Alfonso Araque, director de la investigación, explica los resultados: “Hasta ahora se pensaba que sólo cuando dos neuronas conectadas entre sí estaban activas, se podían producir cambios plásticos en la eficacia sináptica y, por tanto, almacenamiento de información”. “Nosotros hemos hallado que, además, cuando un astrocito y la neurona receptora de la información sináptica están activos, también se produce este almacenamiento de información, lo que supone un nuevo mecanismo celular implicado en procesos de memoria y aprendizaje”, puntualiza el investigador.

“Ahora, cuando estudiemos las bases celulares de la actividad cerebral, no bastará con hablar sólo de neuronas, habremos de tener en cuenta también a los astrositos”, señala. En concreto, el estudio revela que los astrocitos del hipocampo, una región cerebral implicada en procesos de memoria y aprendizaje, pueden liberar un mensajero químico, el glutamato, que aumenta de forma transitoria, durante decenas de segundos, la eficacia de la transmisión nerviosa entre las neuronas.

Para obtener estos resultados, los investigadores utilizaron muestras de cerebro de rata y combinaron técnicas de electrofisiología y biología celular. “Con el uso simultáneo de tres microelectrodos, se ha podido estimular una única sinapsis, registrar su actividad desde la neurona postsináptica y registrar y estimular selectivamente un único astrocito adyacente a esta sinapsis”, expone el investigador.

Cuando la actividad del astrocito, además, coincide en el tiempo con la actividad de la neurona postsináptica, el aumento de la eficacia en la transmisión de información se hace perdurable. Este fenómeno de plasticidad sináptica se conoce con el nombre de “long term potentiation” (LTP) y es el mecanismo celular responsable de los procesos de la memoria y el aprendizaje.

“Las conclusiones del estudio expanden el clásico modelo Hebbiano de plasticidad sináptica basado en la actividad concurrente de las neuronas pre y postsinápticas. Este nuevo modelo incorpora a los astrocitos como una nueva fuente celular de señalización, y revela que la coincidencia temporal de la actividad del astrocito y la neurona postsináptica provoca cambios plásticos duraderos de la eficacia sináptica”, concluye Araque

Fuente: Intramed.net

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Los secretos del cerebro
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Los secretos del cerebro

Más de un centenar de científicos participan en el posgrado de Neurociencia que organizan las tres universidades gallegas, y los grupos Neurocom y Neurolam, de A Coruña y Vigo, respectivamente, realizan investigaciones punteras sobre el cerebro.

J. A. Otero Ricart


Temas en apariencia tan diversos como el consumo de alcohol, las lampreas, el párkinson, el sueño, los ordenadores, la atención visual o la epilepsia tienen sin embargo un nexo en común: la investigación sobre el cerebro que se está llevando a cabo actualmente en Galicia. Más de un centenar de científicos participan en el Postgrado de Neurociencia que organizan las tres universidades gallegas, y los grupos Neurocom y Neurolam realizan investigaciones punteras en el ámbito internacional.

“La investigación relacionada con el cerebro, su organización anatómica, su fisiología y sus patologías está en creciente auge en nuestra comunidad autónoma”, señala Manuel Ángel Pombal, responsable del grupo Neurolam del departamento de Biología Funcional de la Universidad de Vigo. Son numerosos los investigadores de las tres universidades y de los distintos hospitales de Galicia que se dedican a la investigación del sistema nervioso. En palabras del neurofisiólogo Xurxo Mariño, “Galicia es uno de los principales núcleos de neurociencia de España, junto con Madrid, Barcelona, Alicante y Sevilla. Hay además varios neurocientíficos gallegos de relevancia internacional”.

Neurocom es un grupo multidisciplinar de la Universidad de A Coruña dedicado al funcionamiento del sistema nervioso y al desarrollo de nuevos procedimientos y aplicaciones en el ámbito de la Neurociencia. Dirigido por el neurofisiólogo Javier Cudeiro, este Grupo de Neurociencia y Control Motor está constituido por 13 investigadores con distinta formación (Medicina, Biología, Psicología, Físicas, Ingeniería, Ciencias del Deporte y Fisioterapia) y una técnico.

Por su parte, el grupo de investigación del Área de Biología Celular de la Facultad de Biología de la Universidad de Vigo se denomina Neurolam y utiliza como material experimental para la investigación a la lamprea. Se formó como tal en el año 2000 y actualmente está integrado por 8 investigadores (4 profesores titulares y 4 doctorandos).

En la labor divulgativa destacan las iniciativas de Xurxo Mariño y Casto Rivadulla, que ha recorrido numerosos bares gallegos con sus Cafés Científicos para acercar el funcionamiento del cerebro humano a la gente de la calle. Mariño es además autor de los libros Os dados do reloxeiro y Pó de Estrelas, y ha puesto en marcha el Proyecto Encerado, que consiste en fotografiar los encerados tras sus clases de la asignatura Estructura y Función del Cuerpo Humano.

Aparte de la docencia y la divulgación, Xurxo Mariño lleva en la actualidad dos líneas de investigación, una de ellas dedicada a estudiar las propiedades eléctricas y las conexiones entre las neuronas de dos regiones básicas para el procesamiento de la información sensorial: el tálamo y la corteza cerebral. “Por otro lado —añade— también investigo los mecanismos que regulan el cambio de actividad neuronal que ocurre al pasar del sueño a la vigilia. Esto es algo importante si se tiene en cuenta que se está comparando un estado consciente con otro inconsciente, lo cual puede dar pistas muy interesantes sobre el funcionamiento del encéfalo”.

Este investigador del grupo Neurocom es profesor también en un curso de posgrado sobre Cerebro y computación.

–¿No sigue siendo una utopía hablar de inteligencia artificial?
–La inteligencia artificial puede ser una utopía si lo que esperamos es que una máquina escriba poesía y se emocione al ver nevar; pero en ese campo —el de la inteligencia artificial— se ha avanzado muchísimo para crear máquinas y sistemas con ciertas capacidades avanzadas que pueden ser muy útiles al ser humano. Ahora mismo no es ninguna utopía que un coche aparque solo o que detecte que nos estamos quedando dormidos al volante.

En la computación neuronal trabaja el físico Eduardo Sánchez: “Trabajamos en una línea de investigación que se conoce como Neurociencia Computacional, cuyo objetivo es la construcción de modelos computacionales para poder explicar y predecir el funcionamiento del cerebro. En concreto, nos centramos en desarrollar modelos y teorías acerca del procesamiento de la información tanto en el sistema somatosensorial como en el sistema visual”.

También realiza investigaciones sobre el sistema visual otro de los miembros de Neurocom, su director Javier Cudeiro, que estudia la relación entre el funcionamiento de las células nerviosas en el sistema visual y el aporte de oxígeno y mecanismos que la regulan. “Esta relación —señala Cudeiro— es fundamental para entender cómo funciona el cerebro dado que la actividad cerebral depende en cada momento del aporte del flujo sanguíneo en cada área activada. Para entender su importancia no hay más que pensar en los trastornos que aparecen cuando una zona del cerebro queda privada de oxígeno, como en el caso de un ictus, o en que las modernas técnicas de estudio de la función cerebral (la PET o la Resonancia Magnética Funcional) se basan en dicha relación”.

Se muestra orgulloso también de los trabajos que desarrolla su laboratorio en la neurorehabilitación en los enfermos de párkinson, pues “el grupo Neurocom es pionero en España en la utilización de estimulación sensorial rítmica, ya sea auditiva, visual, cutánea o propioceptiva, para mejorar el movimiento en los enfermos de párkinson, sobre todo la marcha”.

De hecho, el laboratorio que dirige Cudeiro colabora con las asociaciones de párkinson de A Coruña, Ferrol y Bueu, y ha comenzado a trabajar también para la Fundación de Párkinson Madrid. “Nuestro interés —añade— sigue centrado en ayudar en el día a día a los enfermos para disminuir su dependencia y mejorar su autonomía personal. Estamos desarrollando nuevas aplicaciones y ayudas técnicas para esa finalidad en colaboración con la Universidad de Santiago y la Universidad Carlos III de Madrid, para mejorar no sólo la marcha de los pacientes sino también el sueño”.

Los estudios de Neurocom sobre el párkinson y la estimulación rítmica han sido galardonados con dos premios nacionales de investigación, el Premio Fundación APMIB, 2001 y el Premio Infanta Cristina (Imserso) 2004 en la modalidad I+D+i.


El cerebro de las lampreas
Y si en el mapa del cerebro de Galicia Neurocom se sitúa físicamente en el Norte, en el Sur se encuentra otro grupo de referencia: Neurolam. Su nombre responde a las investigaciones que realiza con lampreas. Nos lo explica su responsable, Manuel Ángel Pombal: “Nuestras líneas de investigación se centran en el desarrollo y organización del cerebro de los vertebrados, lo cual nos permite comprender el origen y características de los vertebrados más primitivos, como la lamprea, y su posterior evolución. Además, también estamos interesados en comprender la organización de los circuitos motores. La lamprea posee una serie de características que hacen que sea un material especialmente interesante para abordar este tipo de cuestiones. Estamos comenzando a identificar genes específicos de la lamprea implicados en el desarrollo de su cerebro y a determinar sus lugares de expresión”.

Uno de los frutos de esos trabajos de investigación ha sido la descripción en las lampreas de los circuitos básicos equivalentes a los que en humanos están implicados en la enfermedad de párkinson. Y es que en las lampreas se pueden realizar determinados experimentos que no son abordables en otros vertebrados como los mamíferos. “En uno de los últimos trabajos en los que participó nuestro grupo —apunta Pombal—, inyectamos una sustancia que provoca la muerte de las células dopaminérgicas, tal y como había sido ya comprobado en otras especies, reproduciendo así la alteración celular implicada en la enfermedad de párkinson; por lo tanto, ahora tenemos la posibilidad de provocar la pérdida de esas células en las lampreas y analizar cómo afectan a su movimiento”.

También realiza investigaciones sobre la enfermedad de párkinson el grupo que dirige el profesor Labandeira en la Facultad de Medicina de Santiago.

En la Facultad de Biología de Vigo, muy cerca del laboratorio en el que trabaja el equipo de Pombal, se encuentra otro grupo de investigadores del cerebro, con el biólogo José Antonio Lamas Castro al frente. En su caso estudian los canales iónicos que regulan la actividad de las neuronas: “Nos interesa saber cómo funcionan la neuronas individualmente (excitabilidad celular) y para ello estudiamos las corrientes iónicas que permiten a una determinada neurona ser y comportarse de forma diferente a cualquier otra. También nos interesa conocer cómo esa personalidad propia de cada neurona modifica el comportamiento del sistema, ya que las neuronas en el sistema nervioso siempre están en contacto con muchas otras, proporcionando y recibiendo información”. En cuanto a posibles aplicaciones, muchos de los canales iónicos que estudian están implicados en enfermedades conocidas del sistema nervioso como epilepsias o distintos tipos de parálisis.
Respecto a la situación de la investigación científica, Lamas entiende que tradicionalmente la investigación en neurociencia en Galicia “ha estado a la altura no sólo de la que se lleva a cabo en nuestro país sino que es reconocida internacionalmente. Desafortunadamente, los grupos de investigación son pocos y la financiación escasa. Sin embargo el nivel de calidad de nuestra investigación no tiene mucho que envidiar al que se realiza en otros países”.


Jóvenes y alcohol
Otro de los investigadores gallegos en relación con el cerebro es el neuropsicólogo Fernando Cadaveira, de la Universidad de Santiago. Entre las líneas de investigación que desarrolla su grupo destacan los estudios sobre alcoholismo, una línea de investigación iniciada hace más de 20 años y que en la actualidad está centrada en el consumo intensivo de fin de semana por parte de jóvenes y adolescentes.

Para ello han encuestado a más de 3.200 estudiantes de la USC de las tres últimas promociones, de los cuales 140 (70 consumidores, 70 no bebedores) fueron seleccionados para realizar 18 pruebas diferentes, algunas de carácter neuropsicológico y otras mediante el registro de la actividad eléctrica cerebral producida cuando resuelven las tareas. Sus primeros hallazgos encuentran “un peor rendimiento en el grupo de universitarios consumidores de fin de semana en memoria declarativa verbal —señala Cadaveira—, particularmente cuando deben recordar después de una casi media hora de demora. También encuentran baja respuesta en áreas prefrontales de su cerebro cuando se les pide discriminar estímulos relevantes de otros que no los son”. Mediante el seguimiento se intentará verificar si este patrón de consumo tiene consecuencias a largo plazo en la función cerebral y también a nivel de rendimiento académico.

Por último, le preguntamos a Xurxo Mariño si no echa en falta una mayor divulgación científica en los medios de comunicación. “Por supuesto —responde sin dudar—. Me indigna que se le dedique tanto espacio y tiempo a frivolidades relacionadas con, por ejemplo, el mundo del deporte, dejando al margen las disciplinas que son esenciales para la formación de personas con un mínimo espíritu crítico. Vivimos en un mundo de crédulos aborregados”.

Bares con mucha ciencia
Con el objetivo de acercar la ciencia a los no iniciados, los investigadores del Grupo Neurocom Casto Rivadulla, Xurxo Mariño y Javier Cudeiro pusieron en marcha a finales de 2006 una curiosa iniciativa: los Cafés Científicos. Desde entonces han recorrido, junto con los actores Vicente de Souza y César Goldi, numerosas cafeterías y bares de la geografía gallega para ofrecer charlas didácticas sobre el funcionamiento del cerebro.

Los cafés científicos se celebran los viernes a las 20.00 horas con un formato de charla-mesa redonda accesible a todo tipo de público, también niños. Xurxo Mariño recuerda una ocasión en concreto: “Una niña de unos 8 años se plantó en medio y nos puso en un aprieto con su pregunta: ¿qué es una neurona?”. La actividad está financiada por la Fundación Española para la Ciencia y la Tecnología y la dirección general de I+D de la Xunta de Galicia, y se organiza en colaboración con la Universidad de A Coruña.

La idea nació de forma paralela a la exposición itinerante O mundo na túa cabeza, que durante cinco meses visitó localidades como Pontedeume, O Grove, Rivadavia o Xinzo da Limia. La iniciativa continuó después con visitas a locales de otras villas, como Foz o Moaña. “Cuando la muestra llegaba a uno de esos pueblos, hablábamos con el dueño de un bar y montábamos una charla debate”, recuerda Xurxo Mariño. El método es tan llamativo como efectivo: ante la sorpresa de los clientes, los científicos invitan a una ronda gratis y muestran una serie de juegos visuales a través de un ordenador. “La gente no se cree la ilusión óptica que les estamos enseñando —añade— y piensa que tratamos de engañarlos; es el cerebro el que nos engaña a todos, todos los días, pero muchos paisanos no se lo creen. A continuación, una vez que la gente se ha enganchado al tema, iniciamos nuestra charla y después resolvemos las dudas que puedan plantearse”, añade Mariño, que se muestra encantado con el resultado de esta iniciativa pues consigue acercar la ciencia a la gente sin necesidad de impartir clases magistrales.

Con el cerebro como protagonista, los científicos se adaptan al público que se encuentran en cada local. Así, “en los bares de chatos, con personas jubiladas, hablábamos del párkinson, mientras que en los pubs con gente joven informábamos de los efectos de las drogas en el cerebro”, señala este profesor de la Universidad de A Coruña apasionado por la ciencia.


Fuente: LaOpiniónCoruña

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"Las neurociencias han superado el dualismo cerebro-men
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Francisco Rubia: las neurociencias han superado el dualismo cerebro-mente
El sustrato neurobiológico de la consciencia transformará la imagen que tenemos de nosotros mismos


Francisco J. Rubia Vila es Catedrático de la Facultad de Medicina de la Universidad Complutense de Madrid. Entre otros cargos, ha sido Director General de Investigación de la Comunidad de Madrid. Su especialidad es la Fisiología del Sistema Nervioso, campo en el que ha trabajado durante más de 40 años, con más de doscientas publicaciones. Es asimismo autor de libros como “Manual de Neurociencia”, “La Conexión Divina” o “El cerebro nos engaña”, así como editor del blog Neurociencias de Tendencias21. En la siguiente entrevista exclusiva, Rubia explica que el hallazgo más importante en el campo de la neurociencia ha sido el de la superación del dualismo cerebro-mente. Por otro lado, señala que hoy conocemos también el papel del hipocampo en la memoria, que el cerebro no es una tabla rasa, sino que nace ya con conocimientos adquiridos; y que las enfermedades antes llamadas “anímicas” tienen un sustrato neurobiológico. Para Rubia, será la búsqueda del sustrato neurobiológico de la conciencia lo que transformará la imagen que tenemos de nosotros mismos y del mundo,

Yaiza Martínez


¿Cuál diría usted que es el descubrimiento más importante que se ha hecho acerca del cerebro en los últimos tiempos? ¿Está el ser humano más cerca de conocer sus secretos?

Más que un descubrimiento aislado, considero que lo más importante que ha ocurrido en el campo de la neurociencia es la superación del dualismo cerebro-mente – o cuerpo-alma –, lo que ha permitido que con métodos científico-naturales se traten temas que tradicionalmente pertenecían a la teología o filosofía, como la realidad exterior, el yo, la libertad o la espiritualidad. Esta última, es decir el hecho de que la estimulación cerebral produzca experiencias espirituales, religiosas o de trascendencia, es quizá el tema que va a tener un mayor desarrollo futuro. Todas estas cuestiones tienen una enorme importancia, porque van a cambiar la imagen que el ser humano tiene del mundo y de sí mismo. En respuesta a la segunda cuestión hay que decir que el ser humano, gracias a la ciencia, está cada vez más cerca de conocer sus secretos. A diferencia de otras actividades humanas, en la ciencia el conocimiento es cumulativo, de forma que su actividad, que crece cada vez más rápidamente, hace que nos acerquemos más y más al conocimiento del mundo que nos rodea y de nuestro cerebro, que, en parte, es generador de ese mundo.

En su libro "El cerebro nos engaña" señala que el cerebro se ocupa, principalmente, de garantizar nuestra supervivencia. Para ello, utiliza recursos diversos, ¿cuáles son esos recursos?

Es evidente que el órgano maestro de nuestro organismo, el cerebro, tiene como función garantizar el buen funcionamiento de los demás órganos y la supervivencia de todo el organismo, protegiéndole de las posibles amenazas del entorno. Todo esto ocurre de manera inconsciente y, dentro del cerebro, las estructuras responsables son el sistema límbico – llamado también cerebro emocional – con el hipotálamo, que algunos autores consideran parte del sistema límbico, una estructura que ha sido descrita como el ganglio supremo del sistema nervioso vegetativo o autónomo, que controla nuestras vísceras y las funciones vitales más importantes. Por eso, en situaciones de emergencia no nos ponemos a elucubrar los pros y contras de una decisión, es decir, no utilizamos la consciencia y las funciones intelectivas, sino que, automática e inconscientemente, el organismo responde para evitar los posibles peligros.

Suelo poner el ejemplo de un cazador que se encuentra en la India y que ve tras un arbusto una especie de cuerda anaranjada con tiras negras. El cerebro, con su memoria y capacidad imaginativa, recrea en la mente de ese cazador la figura de un tigre, por lo que escapa a una muerte probable. Si lo observado es una cuerda, el cerebro lo ha engañado, pero en beneficio de su supervivencia
.

¿Estarían la experiencia mística o religiosa entre los recursos para la supervivencia que el cerebro nos suministra?

Desde un punto de vista evolutivo es pertinente preguntarse por el valor de supervivencia de las funciones cerebrales, aunque también hay científicos que opinan que algunas estructuras y funciones pueden ser productos secundarios de otras funciones y que, por tanto, no son resultado de la selección natural. Por ejemplo, el biólogo de Harvard, Stephen Jay Gould, a estos productos accesorios los llamaba ‘spandrels', que en arquitectura son los triángulos curvilíneos que se forman entre dos arcos, también llamados en español ‘pechinas' o ‘enjutas'. Uno de los autores que han estudiado experimentalmente estas experiencias supone que las experiencias religiosas son un producto accesorio del desarrollo de la sexualidad en el hombre. A favor de esta hipótesis está la proximidad anatómica de estructuras que sustentan la sexualidad en el cerebro y las connotaciones sexuales de algunas de estas experiencias. Para Richard Dawkins sería un producto accesorio de la tendencia infantil a creer lo que los padres le dicen a los niños. Ahora bien, si las experiencias místicas han sido productos propiamente dichos de la selección natural y, por lo tanto, han sido seleccionadas a lo largo de la evolución, entonces tienen que tener un valor de supervivencia que, hoy por hoy, aún no conocemos. Es el mismo problema con la poesía, la música y el arte. En cualquier caso, se ha especulado que el valor de supervivencia de estas experiencias estaría en la superación de la ansiedad y el miedo a la muerte al conectar con algo que se percibe tanto eterno como fuera de nosotros mismos. Otros autores piensan que estas experiencias aumentan la salud tanto física como psicológica de los individuos, ya que es conocido que son capaces de alterar positivamente la conducta.

Acerca de la memoria, ¿cómo alcanza a explicar la neurobiología el fenómeno de la creación de recuerdos, de su recreación o de su aplicación en otros períodos de tiempo? ¿Existe una región específica del cerebro que albergue dichos recuerdos?

A mediados del siglo pasado un paciente que sufría de epilepsia intratable por medicamentos fue operado. Para eliminar el foco epiléptico, el cirujano le extirpó la región medial de ambos lóbulos temporales, incluyendo dos estructuras que pertenecen al sistema límbico: el hipocampo y la amígdala de ambos lados. El resultado fue desastroso. El paciente, conocido como H.M. sufrió lo que se conoce como amnesia anterógrada, es decir, una hora aproximadamente después de experimentar algún suceso, lo olvidaba totalmente, de manera que cuando el médico le decía que un tío al que él quería mucho había muerto, lloraba; pero al día siguiente, si el médico le daba de nuevo la noticia, lloraba de nuevo porque había olvidado todo lo experimentado el día anterior. Este enfermo revolucionó los conocimientos que se tenían sobre la memoria por varias razones. Primero, porque permitió localizar la memoria episódica en el hipocampo y también concluir que el paso de la memoria a corto plazo a la memoria a largo plazo era función de esta estructura. En segundo lugar, porque mostró por vez primera que no había una sola memoria, ya que la memoria operativa o motora, también llamada memoria de procedimiento, la que nos permite conservar lo aprendido con el sistema motor, no estaba localizada en el hipocampo, ya que el paciente la conservaba de un día para otro. Hoy se supone que el hipocampo es responsable de la distribución de los contenidos de memoria a las diversas regiones de la corteza según las modalidades sensoriales. También sabemos hoy que el hipocampo nos permite la memoria espacial, es decir, la que necesitan muchos animales para encontrar las fuentes de alimentos, los alimentos escondidos, los posibles compañeros sexuales o los predadores. Este tipo de memoria la compartimos con muchos otros mamíferos. Desde que sabemos que existe neurogénesis en el hipocampo, es decir, formación de nuevas neuronas, se analizó el tamaño del hipocampo en taxistas londinenses, pudiéndose constatar que era mayor que el hipocampo de otros ciudadanos de esa ciudad. Probablemente, la necesidad de orientarse en Londres hizo que esa estructura, responsable de la memoria espacial, aumentase de tamaño.

También sabemos que en la corteza del lóbulo temporal almacenamos información que es inconsciente. Sabemos que la memoria a corto plazo y la memoria a largo plazo se almacenan en distintos sitios, estando esta última ligada a la corteza cerebral.

Es importante saber que en el proceso de percepción, el cerebro consulta los conocimientos adquiridos previamente y depositados en la memoria a largo plazo antes de tomar una decisión y que todo este proceso es inconsciente. El almacenamiento depende de la carga emocional que tienen los sucesos. La memoria se ha dividido también en memoria explícita o declarativa y memoria implícita o de procedimiento. Esta última es inconsciente y para formar hábitos se requieren los ganglios basales, así como la formación de habilidades motoras depende del cerebelo. La memoria a largo plazo requiere la síntesis de proteínas.

¿Qué opina de las ideas del neurólogo Karl Pribram, que señala que el cerebro es un holograma porque nuestros recuerdos no son almacenados en las neuronas, o en pequeños grupos de neuronas, sino en los esquemas de los impulsos nerviosos que se entrecruzan por todo el cerebro?

Hasta ahora nadie ha podido comprobar esa hipótesis. Ahora bien, si los recuerdos no se almacenan en las neuronas, entonces ¿dónde? Lo que es posible es que sea en redes neuronales más que en células aisladas. Pero parece improbable que de cada neurona se pueda reproducir todo un contenido mnésico.

Usted escribe en su blog Neurociencias de Tendencias21 que uno de los conocimientos adquiridos en los últimos veinte años es que el ser humano tiene un sentido innato del número. ¿Qué otros conocimientos innatos nos han sido legados con nuestro cerebro?

El psicólogo norteamericano William James ya dijo en el siglo XIX que si los animales venían al mundo provistos de facultades innatas que servían para adaptarse a su entorno, el ser humano tendría que tener no menos o ninguna, sino muchas más facultades. Nacemos con facultades entre las que se encuentra un sentido del número, un conocimiento que sabe discernir entre lo animado y lo inanimado, un reconocimiento de caras de la propia especie, una gramática universal y, muy probablemente, otras facultades que aún no conocemos. Es de esperar que el conocimiento pormenorizado del genoma humano descubra más en el futuro. A mí me gusta decir que es también probable que el ser humano nazca con una visión dualista del mundo y con un principio que he llamado “arqueteleológico”, lo que quiere decir que tenemos la tendencia, probablemente innata, a buscar en todo lo que experimentamos un principio y un fin.

Usted publicó el libro "El sexo del cerebro. La diferencia fundamental entre hombres y mujeres" ¿En qué consisten, a grandes rasgos, estas diferencias?

La psicóloga canadiense Doreen Kimura asume que estas diferencias vienen dadas por la división de trabajo que existe no sólo en el ser humano, sino también en otros animales que nos han precedido en la escala filogenética. Esta división de trabajo procede de la mayor fortaleza del varón y su mejor disposición para la caza, por lo que el hombre suele ser, por término medio, mejor en tareas visuo-espaciales y en arrojar objetos a dianas. La mujer es superior al varón en fluidez verbal (está demostrado que el lenguaje está más bilateralizado que en el hombre), en empatía y reconocimiento del lenguaje no verbal, probablemente por la necesidad de saber lo que el bebé quiere y en habilidad manual, funciones todas necesarias al quedar con otras mujeres en los asentamientos y procurar la cría de la descendencia y la recolección de alimentos. Me parece una hipótesis muy plausible. Por cierto, la división de trabajo se encuentra también en otros animales.

¿Es el libre albedrío una ilusión del cerebro?

Así parece por los experimentos realizados a finales del siglo pasado. Resumiendo estos experimentos se puede decir que comprueban que el cerebro se activa cuando va a tomar una decisión mucho antes de que el individuo tenga consciencia de esa toma de decisión. Con otras palabras, existe una actividad inconsciente cerebral previa a la consciencia de la decisión, lo que implica que ésta es consecuencia y no causa de la actividad cerebral. Estos experimentos han sido repetidos en varios laboratorios, el más reciente en este año con un resultado sorprendente: la actividad de la corteza prefrontal comienza nada menos que 10 segundos antes de tomar una decisión consciente.

Se trabaja intensamente en la modelización de algunas funciones cerebrales, con la finalidad de replicarlas en máquinas. ¿Considera posible este objetivo? ¿Es replicable el cerebro humano?

En ciencia no se puede decir nunca “nunca jamás”. Algunas facultades ya han sido replicadas. La principal diferencia es que el cerebro no es lógico y que la máquina no posee emociones. Pero se está tratando de conseguir máquinas con estas características. La cuestión más importante es la discusión de si una vez conseguida una complejidad similar a la del cerebro va a surgir consciencia o no en esa máquina. En principio, si no se es dualista, habría que esperar que un nivel determinado y similar de complejidad posea también las mismas facultades que el cerebro humano.

Algunos científicos plantean que la base de la persona, la consciencia de sí mismo, los recuerdos, las creencias, podrán en el futuro ser transferibles a un cerebro artificial para prolongar la vida más allá de las limitaciones biológicas. ¿Cree que esta transferencia es posible, desde el punto de vista de las neurociencias?

En la respuesta anterior ya he dicho que es difícil decir “no”. Posibilidades actuales eran inimaginables hace pocos años. Aparte de la creación de máquinas ‘inteligentes' se está trabajando en la interacción hombre-máquina que ya ha empezado a dar sus frutos.

Recientemente, publicamos en Tendencias21 que un equipo internacional de investigadores ha conseguido, por primera vez, producir un mapa completo en alta resolución de las interconexiones entre los millones de neuronas de la corteza cerebral. En él, se ha distinguido una trama fibrosa densamente conectada, una especie de núcleo de red, que actuaría como regulador del tráfico neuronal. ¿Cree que ése sería un buen sitio para empezar a buscar el alojamiento de nuestra consciencia en el cerebro? De no ser así, ¿en qué parte del cerebro estaría la consciencia, según su opinión?

Una de las cuestiones más estudiadas hoy en neurociencia es la búsqueda de la localización de la consciencia o, mejor, saber qué estructuras son imprescindibles para producir consciencia. La actividad de la corteza cerebral no toda es consciente, de manera que no conocemos aún esas estructuras. Parece ser que sin corteza cerebral no hay consciencia, pero eso es cierto también de la formación reticular, una estructura del tronco del encéfalo imprescindible para mantener el nivel de alerta de la corteza. El descubrimiento que en el sistema visual las diversas características, como el color, la forma o el movimiento, se almacenan en sitios diferentes de la corteza visual, planteó el problema de la ‘unión' de todas esas estructuras para generar la imagen completa que percibimos. Se supone hoy que esta unión se consigue con la actividad conjunta de redes neuronales y es posible que la trama encontrada recientemente responda a esa necesidad.

¿Qué relación existe entre la anatomía del cerebro y algunos desórdenes mentales, como la depresión? ¿Afectaría la genética a nuestros estados de ánimo, al determinar ciertas características del cerebro?

Las enfermedades mentales, que antes se llamaban ‘anímicas', hoy se consideran sin duda que tienen una base neurobiológica cerebral. Todas ellas tienen un componente genético, pero también existen factores desencadenantes que pueden ser biológicos y psicosociales. La implicación de los neurotransmisores cerebrales está fuera de duda, como se demuestra por los fármacos que sirven para paliar los síntomas.

¿Qué procesos cerebrales dan lugar a las alucinaciones, como las del síndrome del miembro fantasma o las del síndrome de Charles Bonnet? ¿Son dichos procesos similares a los de la percepción de lo real?

La hipótesis más plausible es la existencia de dos flujos de información sensorial, uno centrífugo y otro centrípeto. Cuando uno falta o se debilita, aumenta el otro. Así se puede explicar el fenómeno de la falta de flujo centrípeto en la privación sensorial, a la que se han sometido tantos anacoretas y eremitas, con la consecuencia de sufrir alucinaciones producidas por el propio cerebro (flujo centrífugo). El cerebro está hecho para procesar información y si le falta, la genera él mismo. A diferencia de lo que ocurre en la esquizofrenia, en el síndrome de Charles Bonnet el enfermo sabe que las alucinaciones no son reales, aunque se ha comprobado que activan las mismas áreas cerebrales que son activadas con las percepciones normales.

Usted señala que es falso el mito de la ‘tábula rasa' (la idea de que el ser humano recién nacido es como una tablilla de cera en la que nada hay escrito), porque “el origen de nuestra funciones cognitivas estaría en animales anteriores en la escala filogenética”. ¿Se puede rastrear y conocer ese origen? Y, ¿qué características fisiológicas de nuestro cerebro marcan la diferencia con respecto al cerebro de dichos animales?

El que acuñó el término “estructuras ratiomorfas”, es decir, estructuras precursoras de la razón, fue el etólogo alemán Konrad Lorenz, que, en lógica evolutiva, pensaba que los animales que nos han precedido en la escala filogenético tendrían que poseer al menos rudimentos de nuestras facultades mentales. Tradicionalmente, y gracias al orgullo humano y a las enseñanzas religiosas, se ha pensado que nos diferenciamos totalmente del resto de los animales, lo que es difícil de compaginar con el proceso evolutivo. Pero, entretanto, se han encontrado algunas facultades precursoras de las nuestras en animales que están cerca de nosotros, como los chimpancés, los delfines y las ballenas. Estos animales se reconocen en el espejo lo que da lugar a pensar que tienen autoconsciencia. Últimamente también se ha mostrado que los elefantes la poseen. No hay que olvidar que los chimpancés poseen también la capacidad de aprender un lenguaje de signos que no llega a la gramática sintáctica que nosotros poseemos, pero que representan un rudimento de lenguaje. Y asimismo se ha mostrado que animales que viven en sociedad, como los chimpancés y bonobos, también poseen rudimentos de conducta moral parecida a la nuestra. Nada de esto nos debe llamar la atención si consideramos que no se han encontrado células nuevas en el cerebro del hombre que lo diferencie de los cerebros más evolucionados de animales cercanos filogenéticamente. Las diferencias son sólo cuantitativas.

¿Hacia dónde se dirigen actualmente las investigaciones acerca del cerebro, y qué cabe esperar de ellas a corto plazo?

Como he dicho anteriormente, la búsqueda del sustrato neurobiológico de la consciencia es algo que preocupa sobremanera a los neurocientíficos. Supongo que los hallazgos que se refieren a los sustratos neurobiológicos de funciones mentales transformarán, como expresé antes, la imagen que el ser humano tiene de sí mismo y del mundo. Pensemos lo que puede significar el hecho de que se confirme una y otra vez que el cerebro, como materia que es, esté sometido, como el resto del universo, a las leyes deterministas que rigen a éste. Y consideremos lo que esto puede significar para los conceptos de culpa, imputabilidad, responsabilidad, pecado, etc. Pienso que el hallazgo de estructuras cerebrales que generan espiritualidad da al traste con el dualismo. Falta saber su importancia para la supervivencia y si esta espiritualidad tiene que ver con el origen de las religiones.

En el terreno de la medicina curativa, los avances en el conocimiento del genoma y la terapia génica jugarán un papel importante en la curación de enfermedades degenerativas como la enfermedad de Alzheimer, la de Parkinson, y muchas otras.



Fuente: Tendencias21

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Desvelan cómo la experiencia reorganiza los circuitos cerebrales y ayuda en las decisiones complejas

El trabajo, que se publica en la revista 'Neuron', muestra que la experiencia pasada realmente ayuda cuando las personas deben tomar decisiones complejas basándose en información confusa o incierta.


Reino Unido, 18 de mayo de 2009 (mpg/AZprensa.com)

Investigadores de la Universidad de Birmingham en Reino Unido han desvelado a través de un estudio con imágenes cerebrales cómo la experiencia reorganiza los circuitos cerebrales y ayuda en las decisiones complejas.

Los resultados del estudio muestran que el aprendizaje a partir de la experiencia cambia los circuitos cerebrales para que la persona pueda establecer categorías con rapidez de lo que se observa y tomar una decisión o llevar a cabo las acciones adecuadas.

Según explica Zoe Kourtzi, director del trabajo, "lo que descubrimos es que el aprendizaje a partir de la experiencia pasada en realidad reorganiza nuestro cerebro para que podamos categorizar las cosas que estamos viendo y responder apropiadamente ante ellas en cualquier contexto".

El objetivo de los investigadores era descubrir los mecanismos del cerebro humano que median en la toma de decisiones flexible a través del aprendizaje, que no se comprenden bien a pesar de que se sabe que las decisiones de éxito se benefician de la experiencia previa. Los autores combinaron medidas de conducta y señales cerebrales para estudiar cómo voluntarios aprendían a discriminar entre patrones visuales similares y a asignarlos a diferentes categorías.

Los voluntarios empleaban dos tipos de reglas para asignar los patrones visuales a las categorías. Como resultado, los patrones que pertenecían a una misma categoría según una de las reglas podían pertenecer a diferentes categorías en base a una regla alternativa. "Este paradigma de aprendizaje flexible nos permitió evaluar los cambios cerebrales asociados a lo percibido en vez de a la similitud física entre patrones visuales", explica Kourtzi.

Los investigadores utilizaron imágenes cerebrales en combinación con técnicas matemáticas para extraer información sensitiva sobre las señales cerebrales que reflejaban la elección del voluntario.

"Lo que hemos mostrado es no sólo que somos mejores en la tarea de reconocer una cara familiar entre una multitud, por ejemplo. Nuestros resultados nos dicen que la experiencia previa puede entrenar circuitos en nuestro cerebro para reconocer las categorías percibidas en vez de simplemente la similitud física entre patrones visuales", añade Kourtzi.

El investigador apunta que los resultados les permiten proponer que la información aprendida sobre las categorías se retiene en circuitos cerebrales de las áreas posteriores del cerebro. A partir de ahí se traslada a circuitos en las áreas frontales que convierten esta información en decisiones flexibles y acciones apropiadas en función de los requisitos y el contexto de cada tarea.

Fuente: http://www.azprensa.com/noticias_ext.php?idreg=41709
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